Sinopsis
En el fondo, nadie enseña filosofía, sino que, como mucho, invita a filosofar. Por ese motivo, un libro que se atreve a sumergirse en la realidad siempre incompleta, necesariamente ha de permanecer, también él, inacabado.
Según esta lógica, el género más apropiado para buscar la verdad, sin perder nunca de vista la humildad que exige esta tarea, sea quizá el del diario filosófico, porque permite -como afirmaban lúcidamente los pensadores cínicos de la Antigüedad- desasirse de todas aquellas cosas que distorsionan la existencia auténtica. En este sentido, se trata de aprender a desaprender.
Y cuando al fin se han logrado separar los problemas del tantas veces discreto territorio donde arraigan los enigmas y los misterios, resulta posible comenzar a ocuparse de las carencias y las fuerzas de una persona, a demorarse en acontecimientos tales como la muerte, el amor, la culpa, el perdón intersubjetivo; sin olvidar el encuentro, el diálogo, la acción, el sufrimiento, el dolor, el anhelo, la congoja, la desdicha, el entusiasmo de la felicidad, el riesgo, la libertad y el éxtasis. No otra cosa es, en definitiva, filosofar.
Miguel García-Baró (Madrid, 1973) es un reconocido pensador, escritor y maestro, además de miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España.