Sinopsis
El punto de partida del pensamiento existencial es la experiencia reflexiva del sujeto, que se entiende como un «sí mismo» con sus peculiares limitaciones y posibilidades.
No obstante, esta experiencia puede volverse ambigua cuando un individuo se resiste con obstinación a reconocer su mismidad. Este olvido termina manifestándose como una «enfermedad del espíritu», cuyo síntoma específico es la desesperación.
Considerada como experiencia negativa, la desesperación puede hacer que el ser humano padezca alguna de las siguientes posibilidades: volverse opaco para sí mismo, extraviarse en la infinitud o enclaustrarse en la finitud, con la consiguiente limitación de su libertad personal o incluso su abandono.
Con todo, también es posible que le suceda lo contrario. En efecto, el «sí mismo» pasa a comprenderse como núcleo problemático de la existencia individual, lo cual ayuda a asentar las bases de una filosofía de la condición humana en la que la persona toma conciencia de sí y de su responsabilidad ética.
Søren Kierkegaard (1813-1855) es uno de los pensadores más originales del siglo XIX. Su filosofía de la existencia gira en torno a la subjetividad, la angustia, la libertad y la responsabilidad del ser humano concreto.